Crédito fotografía: 
Lautaro Carmona
El padre del adolescente atropellado a la salida del Colegio Adventista en La Serena, cuenta que el menor se encuentra estable dentro de su gravedad. En su familia se aferran a la esperanza de que despierte y que vuelva a ser el niño alegre que siempre fue.

La tarde del lunes 26 de agosto, la vida de la familia Rojas Méndez cambió para siempre. Mientras el jefe de hogar, Alejandro Rojas, almorzaba en su casa en La Cantera, Coquimbo, recibió el llamado que un padre jamás quiere recibir. 

Desde el Colegio Adventista de La Serena, donde estudia su hijo Benjamín, de 13 años, le comunicaban que el adolescente había sufrido un accidente, por lo que debía dirigirse al establecimiento. De inmediato, Alejandro se levantó de la mesa, sacó su automóvil y salió con rumbo al recinto, pero no alcanzó a avanzar ni cinco minutos cuando lo contactaron de nuevo para decirle que fuera directamente al Hospital San Pablo de la ciudad puerto. Esta vez, la voz al otro lado de la línea se oía temblorosa. El padre se dio cuenta de que algo grave había ocurrido. 

72 horas claves

Cuando llegó al hospital, su señora, quien trabaja cerca del lugar se encontraba afuera, esperando. Entraron juntos a hablar con los médicos y  allí les contaron todo lo que había ocurrido. Se sintieron impactados, sobre todo cuando escucharon que su hijo se encontraba en estado de extrema de gravedad, en riesgo vital y que, para poder mantenerlo con vida lo habían tenido inducir a un estado de coma y conectarlo a un ventilador mecánico. Los próximos tres días marcarían la diferencia entre la vida y la muerte. 

Afortunadamente, el menor evolucionó de buena manera, y aunque continúa grave, su familia se aferra a la esperanza de que “vuelva” a estar con ellos y con sus amigos que tanto lo extrañan en su querido colegio. 

Tres años en microbus

La entrevista es en el hospital, donde prácticamente “han vivido” desde el día del accidente. Alejandro se nota tranquilo, pero admite que ha tenido que ser el pilar de una familia que en su minuto, sobre todo en los primeros días, se vio derrumbada. 

Sentado, con una mano sobre la otra y una voz paciente, recuerda la última vez que vio consciente a Benjamín.

“Él siempre se había ido en un furgón que pasaba por la casa junto a otros compañeros, pero como la mayoría fueron egresando, yo empecé a ir a dejarlo. Ese día nos levantamos todos juntos, con la madre y la hermana que también iba a la universidad, tomamos desayuno y ahí lo pasaba a dejar, tal como lo hice ese día lunes. Después, él se juntaba con otros niños que viven cerca de la población, tomaban la micro y volvían”, cuenta el padre. Lamentablemente, ese día lunes las cosas no salieron como siempre. 

No pierden la fe

Nadie en la familia ha perdido la fe. “Acá nosotros tenemos toda la esperanza en que Benjamín se recupere, sin acelerar los tiempos de una situación como la que sufrió nuestro hijo lo amerita. En estos momentos él está estable, no está con sedación, pero sigue sin reaccionar a los estímulos que uno espera.

Intenta abrir los ojos, hace algunos movimientos cuando la mueven pero, no ha tenido una reacción que uno diga ‘a partir de ahora empieza a mejorar’. Pero esto es día a día, han existido avances y a eso nos aferramos”, consigna el padre, quien se desempeña como chofer de la locomoción colectiva. 

La alegría del hogar

“Benjamín era la alegría del hogar”, su padre no tiene dudas en decirlo. Siempre fue el menor de la familia –hasta que nació su nieta- y era el regalón. “Siempre lo veías risueño, con su chispa. Siempre andaba con una talla que te sacaba una sonrisa con sus muecas. En fin, yo te lo podría definir así. Muy querendón de todos, y por eso muy querido”, relata un emocionado padre. 

En la escuela sucedía algo muy similar, y aquello se ha visto en cómo los apoderados se han manifestado por él y le han prestado ayuda. “Lo estimaban mucho porque Benjamín es muy educado, y muy respetuoso tanto con sus profesores como con sus compañeros, de hecho, recibió dos veces el premio a mejor compañero. Esas son cosas que a uno le llenan de orgullo como padre”. 

El fútbol y los videojuegos

Su padre anhela verlo pronto  en una cancha de fútbol, o en la calles de su barrio, con la camiseta de Colo-Colo o la del Barcelona “su equipo favorito”. Claro jugar a la pelota era una de sus pasiones, la otra, jugar videojuegos. “Es un niño muy tranquilo, nosotros en general somos tranquilos. Una familia unida, imagínate que muchos niños a los 13 años andan en otras cosas, pero nosotros somos felices viendo un partido por televisión”, asegura Alejandro, sonriente. 

Le emociona, tras el accidente, el haber conocido facetas desconocidas de su hijo. “Sabíamos de su buen corazón, pero nos hemos enterado de cosas que Benjamín hacía, que nosotros no teníamos idea. Les voy a contar una anécdota. Cerca de la casa en Villa Talinay donde vivimos nosotros, hay un niño que anda en silla de ruedas, y supimos que nuestro hijo era unos de los compañeros que lo ayudaba a trasladarse. Lo iba a dejar a su casa y después se iba. Muchas veces también regalaba su almuerzo a los niños que no alcanzaban a llegar al que dan en el colegio. Cuando compraba algo lo convidaba a todos, entonces, son cosas que te emocionan”, relató el padre. 

Pensando en el futuro

“Desde niño nos dijo que quería ser millonario y ayudar a la gente”, dice Alejandro Rojas, respecto a los sueños que tenía Benjamín, quien también añoraba viajar por el mundo. “Soñábamos con ir a España, a Catalunya, porque es donde juega el Barcelona, su equipo”. 

Cuando están en la casa con la familia intentan “pensar en el mañana. En que Benjamín despierte, abra los ojos, en llenarnos de esperanza para volver acá, al hospital para seguir estando con Benjamín”, afirma Alejandro. 

Sin rencor

En la familia del adolescente aseguran no guardar ningún tipo de rencor en contra del conductor del camión que atropelló a Benjamín. Sienten que también es “una víctima de las circunstancias” y saben que lo está pasando mal.

“Él se puso en contacto con nosotros a través de mi señora, y preguntan todos los días por el estado de salud de mi hijo. No hago juicios de valor, porque esa persona es alguien que estaba trabajando. Nosotros no tenemos la capacidad de culpar”, finaliza. 

 

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