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Lautaro Carmona
Alumnos de cuarto año de psicología de la Universidad Pedro de Valdivia miden la realidad de sus pares y exponen sus argumentos sobre esta preocupante tendencia, que según las estadísticas afecta al 50% de los futuros profesionales.

Ayer, martes 10 de septiembre, fue el Día Mundial de la Prevención del Suicidio. Un tema siempre delicado, que esconde muchas veces más de lo que la mayoría logra percibir. Y es que la taza de personas que se quitan la vida no es menor.

En España, por ejemplo, cada dos horas y media ocurre esta situación. Mientras que en nuestro país, es la segunda causa de muerte de los jóvenes entre 18 y 29 años. Esta cifra se vuelve aún más preocupante al saber tras cifras entregadas por la subsecretaria de salud pública, Paula Daza, que el 50% de los alumnos de educación superior padece algún problema mental y el 5% ha pensado en quitarse la vida. Brutal.

Es por esto que El Día decidió conocer la realidad local de este tema. El cómo identificar y prevenir estas situaciones y la visión de los futuros profesionales, también estudiantes de educación superior, al respecto.

Minsal

Fue el propio Ministerio de Salud quien dio el primer paso y presentó la Guía Práctica en Salud Mental y Prevención del Suicidio para Estudiantes de Educación Superior, que busca dar una mejor orientación sobre los síntomas que perturban la salud mental y acercan los pensamientos suicidas. Ordenado en 11 puntos, explica las claves para saber el momento de pedir ayuda, como por ejemplo el sentirse irritable o estar retraído, alejarse la familia y amigos, signos de agresividad o hasta búsquedas en páginas web acerca de los métodos para terminar con su vida.

De igual forma, el documento señala los lugares donde encontrar apoyo, ya sea en la red pública de salud mental o a través de canales de ayuda disponibles en programas estatales y organizaciones. A su vez, entrega consejos para dar el primer paso y asistir a una consulta de salud mental y cómo hacer frente a una crisis.

Visión de futuro

Consultados sobre la fuerte tendencia de sus pares, los estudiantes de cuarto año de psicología de la Universidad Pedro de Valdivia comentaron a El Día su visión del problema. El primero fue Sebastián Onetto, quien, de entrada, dijo que “es algo súper difícil de identificar, porque la decisión es tan propia, tan íntima, que solo él sabe si lo hará o no y en qué momento. Lo que sí podríamos alentar los cambios en el estado de ánimo, las ganas de tener actividades sociales, etc. Ahora, no cualquier persona se suicida. Hay depresiones de por medio, cargas biológicas con antecedentes familiares donde la depresión es algo generacional”, comenzó diciendo.

Además, agregó que “para hacer consciencia, en primer lugar, tenemos que hablar del tema. Y no solo en el día que se conmemora, esto es parte de algo que debe instaurarse en los colegios, en la sociedad, en los medios de comunicación y que los gobiernos tomen cartas en el asunto y tomar conciencia de la importancia de la educación emocional. Fomentar talleres y charlas en las juntas de vecinos para saber identificar las emociones y qué hacer con ellas”, explicó.

Finalmente, dijo que las personas con esta patología “se sienten atrapados. Si la sociedad cambiara el concepto de depresión, fuera más empática, menos agresiva sería un alivia contar con un ambiente donde te puedas sentir más acogido y con atención y respeto hacia ti como persona”, culminó.

Alertas

Mientras que su compañera, Marta Cepeda, argumentó que “es muy poco probable que una persona que tenga la intención de suicidarse te lo diga de buenas a primeras. Sin embargo, quienes están atravesando por un cuadro depresivo, sus pensamientos permanentes, además de ser negativos, son recurrentemente de muerte”, señaló.

Para ella, el identificar a tiempo los síntomas de una persona depresiva y que, eventualmente pueda presentar actitudes suicidas, está enfocado en los hábitos cotidianos y cómo la persona en cuestión varía de su normal actuar.

“Yo creo que todos en algún momento nos hemos sentido con problemas que no podemos sobrellevar, pero cuál es la diferencia, cuando todo vuelve a su curso normal. Ahora, cuando esto se vuelve constante y la situación parece no tener mejora, es precisamente cuando podríamos estar en presencia de una depresión, porque sus síntomas son constantes. Y no son solo cuando uno está triste o tiene ganas de llorar, si no que cuando esas emociones son permanentes y pasan a ser agresivas, o cuando pierde el interés en cosas que antes le parecían entretenidas. También problemas con el sueño o la alimentación. Cuando una persona está con baja autoestima y pensamientos negativos, no te puedes concentrar. Cuando todos esos síntomas generar problemas en tu día a día, estamos en presencia de una persona con depresión”, aseveró.

Finalmente, Karla Cuello dijo que ella cree que el ritmo de la sociedad es el que ha cambiado e impone más competencia sin espacio para los fracasos, exponiendo a los estudiantes a altos niveles de estrés y frustración.

“Es netamente por la carga que te impone la sociedad. Ahora tu nivel de éxito se mide si a los 30 años ya tienes tu casa, auto y eres reconocido en tu trabajo. La depresión y el estrés van de la mano con eso. Estamos en una sociedad muy competitiva, ya no cuenta el solo hecho de salir de la universidad, tengo que ser reconocido por mis pares tanto en las notas como en lo social, y en ese cumplir todas las expectativas de todos, te vas dejando a ti mismo a un lado, dejas tu condición de ser único, con tus cosas buenas y malas. Ahora se impuso que todos tienen que ir al mismo ritmo y el que va más rápido es el mejor. Imagínate los jóvenes que estudian y los padres les dicen que esta es la única oportunidad para estudiar y les fue mal. Ya no hay más chances”, argumentó.

 

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