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El Día
Un reciente estudio del Observatorio del Envejecimiento UC-Confuturo reveló que la zona retrocedió en un 45,4% respecto al año anterior. Consigna, además, que las solicitudes permanentes por enfermedades crónicas u otras patologías médicas se vieron enfrentadas a las restricciones que tuvieron las personas sobre los 65 años y el temor de contagiarse en los centros de salud. A nivel local hay un plan de adaptación que pretender retomar las actividades en la Atención Primaria de Salud (APS).

La pandemia del coronavirus modificó de cuajo la forma de vida de la población mundial. Hoy, ante una emergencia sanitaria sin precedentes en la historia reciente de la humanidad, el “modo covid” –campaña impulsada por las autoridades del país- parece ser la hoja de ruta de aquí en adelante. 

Si bien se ha trabajado en reactivar los distintos rubros, hay consecuencias que recién comienzan a tomar forma y, por ende, a ser públicas. 

Así lo demostró un estudio del Observatorio del Envejecimiento para un Chile con Futuro (UC- Confuturo), que fue publicado esta semana y donde Coquimbo aparece con un retroceso de un 45,4% respecto de las atenciones de salud preventiva en personas mayores de 65 años. 

El desplome del mayor grupo de riesgo

Y es que los adultos mayores han sido uno de los grupos más golpeados por la pandemia del Covid-19. En marzo, cuando se registraron los primeros casos en Chile, se vieron sujetos a estrictas medidas como las cuarentenas obligatorias, recién en julio el panorama se tornó más flexible debido a los permisos especiales para transitar y ya en agosto pudieron contar con mayor libertad de desplazamiento.

El tiempo de confinamiento fue letal. La situación obligó a modificar la forma de relacionarse con ellos y muchas de las atenciones de salud permanentes por enfermedades crónicas u otras patologías médicas “se desplomaron”, como consigna el artículo de la PUC.  

Así, por ejemplo, se detectó que en la Región de Coquimbo las consultas médicas de las personas sobre 65 años están en 47.573, número lejano al que se registró en 2019, con 87.083 en total, tomando como referencia las solicitudes de urgencia entre el 1 enero y el 6 septiembre, respectivamente.

El Día quiso conocer datos desagregados de la zona para poner en perspectiva los números de las quince comunas, considerando que los principales polos urbanos de la región, como La Serena, Coquimbo y Ovalle, se mantuvieron en cuarentena por varias semanas, situación que podría ser determinante en las cifras. 

Sin embargo, desde el Servicio Salud Coquimbo (SSC)  –entidad que coordina los sistemas de Atención Primaria de Salud (APS), instituciones que representan el primer nivel de contacto de los individuos, la familia y la comunidad con el sistema público de salud- señalaron que los antecedentes serán recabados y prontamente compartidos. 

Pese a ello, las estadísticas consignadas por el informe permiten el análisis de los propios funcionarios del sector y la entidad que vela por los derechos y la integridad de las personas mayores, como el Servicio Nacional del Adulto Mayor (Senama) quienes aseguran que las estrategias para no exponer a este grupo etario así como el temor de ellos mismos a contagiarse en los recintos han sido claves para bajar el ritmo con el que se desarrollaban estas solicitudes. 

“En este sentido, la importancia de enfrentar la salud, tanto referida a atenciones preventivas, de urgencia como a controles de enfermedades crónicas, se transforma en un desafío que se deberá asumir a la brevedad, en especial si se considera que no existe una solución concreta a la pandemia de Coronavirus en el corto ni en el mediano plazo y una disminución constante -y de tal magnitud- en las atenciones planteando potenciales problemas en la salud de la población”, indica el estudio.

Mirada desde el interior

El secretario regional de la Confusam y también trabajador social de profesión, Jorge Navea, comentó que la pandemia provocó una disminución importante afectando a toda la población “en general”.

“La gran diferencia es que los adultos mayores presentan factores únicos, hay muchos de ellos que dependen de ciertas redes para acercarse a centros de salud y al existir ciertas limitaciones, como las cuarentenas, bajó la demanda”, cuenta. 

Por otro lado, el profesional recuerda que al disminuir las solicitudes, lo equipos de la APS se abocaron a hacer una labor focalizada en la estrategia de Testeo, Trazabilidad y Aislamiento (TTA). 

En cuanto a las principales solicitudes que este grupo etario realizaba con frecuencia en los distintos centros, Navea detalla que asistían a controles cardiovasculares, de prevención y tratamiento, especialmente pacientes diabéticos, hipertensos o con otros diagnósticos, los que se vieron marginados, además, de las actividades del Programa Envejecimiento Activo que contempla acciones kinésicas y terapéuticas, incluyendo las preventivas como la Evaluación Funcional (EFAM).

Chile, país que envejece

Recientes datos del Instituto Nacional de Estadísticas (INE) indican que 2.260.222 (11,9% de la población) tiene 65 años y más. Y para 2035 se estima que la cifra será 18,9% del total de la población (3.993.821), según proyecciones basadas en el Censo abreviado de 2017. 

El proceso de creciente envejecimiento es evidente, en el plano local, la población que tenía 65 años y más, en el Censo 2002, era un 8,4% y en el Censo 2017 este grupo etario representó el 11,8%. 

En total, según esta última medición, 89.543 personas tienen 65 años y más, de ellas 49.624 son mujeres y 39.919 son hombres. 

El irreversible fenómeno ha impulsado a las autoridades a crear un enfoque anticipatorio y preventivo, basado en la mantención de la funcionalidad de las personas antes que se instale un daño. 

Fue así como hace una década el Ministerio de Salud (Minsal) instaló un examen universal, el Examen de Medicina Preventiva del Adulto Mayor (EMPAM), para promover un envejecimiento saludable. 

En el reporte de la PUC, recogen las palabras de María José Gálvez, directora de estudios del Servicio Nacional del Adulto Mayor (SENAMA), quien asegura que “las personas por no haber ido a consultar a tiempo se pueden haber expuesto a ciertos riesgos y ciertas patologías que, sin una rehabilitación temprana, pueden tener consecuencias importantes en la discapacidad”.

Desafío para el futuro

El reporte del Observatorio del Envejecimiento plantea que el desafío para el futuro debe hacer frente a nuevas metodologías de atención, en donde sea posible asegurar el tratamiento y la consulta constante en la población, en especial para aquellos grupos que se pueden ver afectados al detener su tratamiento.  

“En el caso de las personas mayores, el sistema público juega un rol fundamental, no solo porque es el sistema principal que ocupan (9 de cada 10 se atiende en FONASA), sino porque permite la articulación de sus comunidades, reflejadas en sus familias, amigos y redes de apoyo, con el resto de los sistemas públicos, tales como municipios y los programas con foco en la población 60+”, destaca. 

En ese sentido, hace poco más de dos semanas los equipos de la APS de la región conocieron el documento titulado “Adaptación regional del plan Paso a Paso en la atención primaria de salud” que incluye orientaciones para el desarrollo de actividades asistenciales en el contexto sanitario de la pandemia. 

“El documento del SSC hace una descripción bastante clara respecto a las actividades que debiéramos ir retomando de acuerdo a la fase en que se encuentre determinada comuna, esto incluye a los adultos mayores, pero también a todos los ciclos vitales”, agrega Navea. 

El profesional dice que hay varias “recomendaciones”, algunas implican una reconversión, como por ejemplo, en los tiempos de atención. “Entre uno y otro paciente habrá un tiempo en el que se debe sanitizar y cambiar los elementos de protección personal”. 

Sin embargo, pese que el objetivo del plan es poder retomar las atenciones, hay ciertas características que complejizarían el proceso, considerando que hay controles que fueron suspendidos en marzo generando un retraso y aumentando una eventual demanda para cuando haya un control efectivo de la pandemia. 

“Hay varios meses sin controles y probablemente se genere una alta demanda y, quizás, los equipos no dispongan de los recursos o insumos necesarios para absorberla. La cifra del estudio es cercana a la mitad, entonces esa cantidad de personas se acercarán en la medidas que las condiciones lo permitan y podría generar riesgo de contagio”, aclara. 

El dirigente dice que hay un trabajo cuesta arriba que implicará el apoyo de varios servicios y actores, en ese sentido, asegura que se deberá fortalecer la atención digital y que en términos tecnológicos se torna un “verdadero desafío”. 

“Es una buena medida para contener lo que está por venir, ya que podría ser una avalancha de pacientes que mantienen expectativas y que esperan resolver sus problemas de salud. Es por eso que debemos trabajar ahora en eso”, destaca. 

En esa línea, Jorge Browne, médico del equipo de geriatría UC, señaló en el reporte antes mencionado que, “cuando uno habla de salud, entendida en el contexto más amplio, uno debiera pensar que prevención significa los apoyos de redes locales, comunitarios; salud puede significar el poder caminar, poder contactarte con tus redes familiares, entre otras cosas. Entonces, es necesario englobar prevención como un ‘paraguas’ más amplio que los servicios de salud”.

 

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