En el año 2012, un tigre del Zoológico Metropolitano de Santiago ya había sido sacrificado, luego de atacar a un cuidador que  fue cuestionado por acercarse al animal sin haber cumplido con el protocolo correspondiente a su tarea. 
En días pasados, un desquiciado ingresó a la jaula de los leones africanos del mismo Zoológico, con la intención de suicidarse, y para evitar que los felinos lo mataran,  los guardias dispararon contra los animales y los sacrificaron, para luego rescatar al frustrado suicida. En este caso, la persona había sorteado las rejas y medidas de seguridad que lo separaban de los dos leones -un macho y una hembra- y había ingresado a la jaula no sin antes haberse  quitado la ropa y realizado movimientos corporales para llamar la atención de los animales.
Más recientemente,  y esta vez en el  Zoológico  norteamericano de Cincinnati, un gorila fue también muerto. En dicho caso. el animal falleció luego de que también personal del zoológico le disparara para proteger a un niño de tres años que había caído a su foso. El niño andaba con su madre, la que lo descuidó porque a su vez andaba con tres niños más.
Ello ha dado lugar a múltiples reacciones, se critica  a los guardias que dicen haberse visto en la obligación de disparar para salvar vidas humanas. Otros han señalado que el  problema está en la falta de medidas de seguridad de los zoológicos para impedir que ello sucediera. Otros cuestionan la existencia misma de esos lugares cerrados de exhibición de animales y aun otros, la irresponsabilidad de las personas a cargo de las eventuales víctimas…
Mientras se discute lo anterior,  un tigre, dos leones y un gorila no vivieron para contarlo…
En fin, Einstein ya lo decía: “Sólo hay dos cosas infinitas: el universo y la estupidez humana… y no estoy tan seguro de la primera…”

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