Esta semana se avanzó en la iniciativa que busca legalizar el matrimonio igualitario: un primer paso para asegurar dignidad y derechos para quienes quieren vivir su amor y formalizar sus vínculos ante la ley.

Esto no es más que el resultado del esfuerzo de millones de ciudadanas y ciudadanos que han luchado incansablemente en las calles por ser respetados y reconocidos, dejando en evidencia la tremenda deuda que Chile todavía mantiene con la comunidad LGBTQI+, pese al trabajo institucional que se ha conseguido mediante leyes como la de Identidad de Género, Adopción homoparental y Ley Zamudio.

Avances que, aunque valiosos, nos dejan una duda instalada: ¿cuál es el principal desafío que debemos cumplir en la siguiente década? La respuesta es clara: trabajar en una nueva Constitución Política que asegure libertades para que la comunidad LGBTIQ+ deje de ser invisibilizada, tenga la libertad de caminar por las calles, pueda vivir su identidad sexual y de género como le plazca, pueda crear otros vínculos familiares y además puedan ser incluidos en espacios desde los cuales han sido históricamente marginados.

Todos, desafíos y sueños que solo se lograrán con el compromiso de quienes ya son parte del nuevo Chile que se está construyendo. Un Chile para todas, para todos y para todes, más inclusivo y, por cierto, orgullosamente diverso, pero igualitario en dignidad y derechos.

Autor

Imagen de Felipe Cárcamo
Sociólogo, 26 años. Encargado del Macrozonal Norte de Convergencia Social. Actualmente soy Tesista Fondecyt en el Magíster en Sociología en la Universidad Alberto Hurtado por lo que estoy viviendo entre Santiago y mi ciudad, La Serena.

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