¿Han notado que ciertos sectores políticos ven con preocupación que la nueva Constitución Política asegure una democracia descentralizada? Nadie los entiende.

De hecho, nadie comprende que, tras 10 años de movilizaciones, por diversas causas, todavía haya gente que siga defendiendo la preservación de la carta magna de 1980, aun cuando sabemos que la Constitución de Pinochet es un documento que no nos permite avanzar en dignidad y derechos y muy por el contrario limita las posibilidades de acceder a un buen vivir y mantiene el centralismo en la toma de decisiones.

Actualmente, la madre de todas las leyes nos tiene en una de las crisis más importantes de nuestra historia, dejando entrever el problema de fondo que es el poder político concentrado en unos pocos, los mismos que deciden sobre las grandes mayorías.

Un documento que bajo la excusa de "reordenar el país" nos dejó pluralismo limitado, cerrojos constitucionales y jerarquización de libertades en la que todavía predomina la libertad económica y se enfatiza en intentos de despolitización social. Y como si se tratase de un partido, fueron los técnicos los que definieron la estrategia y las reglas de una cancha que define cómo millones de personas se juegan la vida.

Contra todo pronóstico, la madre de todas las leyes está jugando sus minutos finales. Una mayoría social y política muy amplia está cuestionando sus cimientos, porque ahora en la cancha no solo juegan los técnicos, sino que la gente y son estos últimos los que, como si de un canto de barra se tratase, piden que las reglas cambien y podamos -por fin- decir que vivimos en un Chile descentralizado en que Caimanes, Aysén, Calama, Chiloé o Magallanes son tan importantes como cualquier comuna de la capital.

Estamos en un momento histórico lleno de cuestionamientos en el que podemos debatir sobre el modo de gobernanza que queremos. Así se abre el debate sobre el parlamentarismo o un sistema semi presidencial, un congreso unicameral; regiones con poder político y económico; la existencia de referéndum revocatorios para autoridades de nivel local y nacional; plebiscitos e incluso, la incorporación de la gente como elaboradores de proyectos de ley.

Por eso y más, la Convención Constitucional aterra a algunos, sobre todo a aquellos que saben que Chile comenzará un fuerte y decidido proceso de descentralización. Uno en el que Chile decida el destino de su propia historia.

Autor

Imagen de Felipe Cárcamo
Sociólogo, 26 años. Encargado del Macrozonal Norte de Convergencia Social. Actualmente soy Tesista Fondecyt en el Magíster en Sociología en la Universidad Alberto Hurtado por lo que estoy viviendo entre Santiago y mi ciudad, La Serena.

Otras columnas de este autor