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Italiano estuvo cinco meses en el país y se enamoró de su gente, confiesa que es el territorio más diverso de Sudamérica y que esa es su principal riqueza.

Todos en algún momento han pensado en dejar atrás la rutina, hacer un viaje y conocer otras culturas o simplemente desconectarse del día a día y emprender un camino diferente.

Soñar no cuesta nada, pero es en el primer paso donde muchos se retractan, a Paolo Cattaneo no le importó nada de eso y dejó todo para conquistar una aventura desconocida por los parajes más espectaculares del mundo.

Paolo tiene 36 años, es originario de Italia de una zona entre Milán y Como, un pueblo muy pequeño con 2 mil habitantes, “muy cerca del confín con Suiza”.

Su español es fluido pero a veces le cuesta expresarse, tiene tantas ideas que no sabe cómo hilarlas, se emociona cuando empieza a hablar de su familia y claro porque han pasado varios meses sin verla. “Mi familia es muy normal”, aclara que el sentimiento por viajar nació precisamente porque en su niñez no tuvo las condiciones para hacerlo.

Pero ese recuerdo no fue un impedimento, más bien su motor de impulso, menciona que la vida rutinaria nunca le gustó, no se sentía parte de ella ni mucho menos encajaba “en la idea de trabajar 340 y tantos días y descansar 20”.

“Porque no tenía sentido para mi trabajar sin poder disfrutar lo que quería hacer que es viajar y conocer el mundo”.

Tiene una voz cálida, sus manos se mueven al compás de su acento, quiere contar detalles de su viaje, de lo fascinante que ha sido su historia en América del Sur con Bronte, su fiel compañera.

Menciona que el nombre de su moto se debe a una coincidencia especial, “Bronte es nombre de mujer en Australia y Bronte también es el nombre del lugar donde viví allá, un pueblito muy lindo en el mar y finalmene Bronte es el nombre de una ciudad italiana”, dice que es una palabra que engloba todo lo que ha sido su vida hasta ahora.

Su relación con ella empezó en Sydney (Australia), cuando bordeó el continente completando más de 40 mil kilómetros, entorna sus ojos para rememorar cada paraje, el oleaje de las playas, el aroma de la vegetación, la calidez del desierto, el sonido de Bronte conquistando nuevos mundos y su corazón palpitando como nunca antes lo hizo.

A Chile llegó en septiembre de 2016, empezó su ruta en Valparaíso donde recuperó su moto después de haberla enviado por barco desde Australia, subió hasta La Serena y luego a San Pedro de Atacama, para llegar hasta Bolivia recorrer las principales ciudades, alcanzar Brasil por Corumbá, después de recorrer los principales hitos del país tropical, bajó hasta Argentina, cruzó por la Patagonia, se subió a un transbordador para conocer la isla de Chiloé, regresó a Bariloche, cruzó por Osorno y en estos días se encuentra en La Serena.

Circuito Gabriela Mistral

Ruta de las Estrellas

Avenida del Mar - La Serena

 

Pronto emprenderá una nueva ruta hacia Alaska, pero no quiere irse sin antes contar lo que más le gustó de Chile, destaca la bondad y el carisma de los chilenos.

“Chile es el país más particular de Sudamérica, tiene mucha diversidad, hay cosas muy interesantes, la zona norte tiene desierto, hay lagunas y geiseres, todo muy lindo pero me enamoré del sur, tiene colores maravillosos especialmente en la Carretera Austral”

Otra de las cosas que recordará es el terremoto, pero no el movimiento sísmico, sino el licor, “es muy dulce, es especial para emborracharse”. Pide disculpa a los chilenos, por confesar que no le gusta la piscola, “me gusta el pisco, pero siento que con gaseosa se pierde la esencia del pisco”.

Dice que no sabe qué le depara el camino, tiene una idea pero asegura que todo puede cambiar, “mandaré a Bronte a Rusia”, quiere cruzar el país y reencontrarse con su Italia familiar, su Italia de niñez, “es un viaje que cierra el ciclo”.

Frente a la pregunta, si ha descubierto algo nuevo de él en este viaje,  divaga y se deja llevar por el movimiento del viento en su cabello y luego de tomar una bocanada de aire responde seguro y sin titubear,  “cuando haces un viaje extenso te das cuenta de aquellas cosas que  están dentro de ti pero que no conoces, yo paso mucho tiempo manejando mi moto y me reencuentro conmigo mismo”.

Paolo se refiere al viaje –en general- como la puerta de entrada a un espejo, ese que permite verte sin maquillaje con defectos y virtudes, pero recalca que lo más importante es darse cuenta de aquellas cosas que eres capaz de hacer.

Según el italiano, el viaje debe finalizar donde se empezó, “es la única forma de cerrar el ciclo”. Paolo Cattaneo invita a todos a creer en sí mismos y a viajar, porque es una maravillosa forma de descubrir el valor que tiene la naturaleza.

 

 

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