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EFE
Aunque China inició su carrera espacial con 50 años de retraso con respecto a rusos y estadounidenses, en la próxima década será el único país con estación espacial permanente y con los proyectos de explorar Marte a mediados de siglo, y de llegar… hasta Júpiter.

En la próxima década China será el único país del mundo con estación espacial permanente, está a punto de dominar los vuelos de ida y vuelta a la Luna, lo que abre la puerta a misiones tripuladas a un satélite que el hombre no visita hace 45 años, y a más largo plazo, quizá a mediados de siglo, los chinos ya tienen en mente explorar Marte, abrir minas de extracción en los asteroides del Sistema Solar o hasta llegar a Júpiter.

Todo sería muy del agrado del fundador de la República Popular, Mao Zedong, quien en los primeros años del régimen comunista lamentó que China "no era capaz siquiera de enviar una patata al espacio". 

Los chinos, eso sí, presumen de tener al primer hombre que intentó subir más allá de la estratosfera, el inventor Wan Hu quien, en el siglo XVI, diseñó una silla alimentada con 47 cohetes, se subió a ella, y ordenó a sus criados que encendieran los propulsores, tras lo cual hubo una gran explosión y Wan "desapareció".

YANG LIWEI.

Los sueños espaciales de Mao se encontraron con un golpe de suerte en 1956 cuando, debido al miedo al comunismo que sembró en Estados Unidos el implacable senador Joseph McCarthy, fue expulsado de ese país el ingeniero chino Qian Xueshen, en aquel entonces uno de los mayores expertos en Norteamérica en propulsores para naves espaciales y misiles. 

Qian se vio obligado a regresar a su China natal, donde no tardó en ser reclutado por el joven régimen comunista para liderar el Instituto Número 5, germen del programa espacial chino, del que Qian -fallecido en 2009- es considerado gran padre.

Ese programa avanzó muy lentamente en los primeros años, afectado por la inestabilidad política de los años de la Revolución Cultural (1966-76), aunque dos años antes de que ésta comenzara, los chinos ya lograron lanzar ratas albinas al espacio, sólo siete años después de que los rusos pusieran en órbita a la famosa perra Laika.

Durante décadas, los lanzamientos de satélites y vehículos propulsores de China pasaron relativamente desapercibidos hasta que, en 2003, el país asiático logró ser el tercero tras los programas espaciales de Estados Unidos y la Unión Soviética -heredada por Rusia- en llevar un hombre al espacio, Yang Liwei. 

Tras él, otros diez "taikonautas" chinos (de "taikong", la palabra con la que los chinos se refieren al espacio), dos de ellos mujeres, han viajado al cosmos en las misiones "Shenzhou", que por ahora tienen como principal objetivo construir una misión espacial permanente en la órbita terrestre.

Dentro de estos planes China ya ha enviado dos laboratorios espaciales orbitales, los "Tiangong" 1 y 2, ha conseguido con éxito acoplar sus últimas cuatro misiones Shenzhou a ellos.

SU PRIMER CARGUERO ESPACIAL.

China dio un nuevo paso de gigante a finales de abril pasado con  el lanzamiento de su primer carguero espacial, la nave "Tianzhou 1", que le ha permitido garantizar el envío de combustible y suministros a laboratorios espaciales.

Con ello, el programa espacial chino puede seguir adelante con sus planes para construir una estación orbital, un reto que comenzará en 2019 con el lanzamiento de su primer módulo, el "Tianhe 1", y se espera concluir para 2022. 

El otro gran campo donde China está dando mucho que hablar en los últimos años, aunque en competencia con otras jóvenes potencias espaciales como Japón e India, es la exploración de la Luna.

Los asiáticos han enviado ya tres sondas lunares, las Chang'e, bautizadas con el nombre de la diosa que, según las leyendas orientales, vive en suelo selenita, y mandará dos más en noviembre de 2017 y mayo de 2018.

En diciembre de 2013, la sonda no tripulada Chang'e 3 aterrizó en la Luna, algo que el ser humano no había conseguido desde 1976 y, días después, desplegó en suelo selenita el robot móvil Yutu (conejo de jade), también cerrando un paréntesis de 40 años sin este tipo de acciones en la Luna. 

La sonda que China prevé lanzar este año intentará ser la primera del país capaz de regresar a la Tierra, un avance tecnológico necesario para plantearse futuras misiones con humanos al satélite, algo que, según reveló recientemente el propio astronauta Yang Liwei, actual subdirector del programa chino de vuelos tripulados, ya está en los planes a largo plazo de la CNSA, la agencia espacial china. 

Faltan aún la luz verde del Gobierno y la aprobación de la financiación necesaria, por lo que es poco probable que haya confirmaciones de estos viajes antes de la próxima década. Quién sabe si los taikonautas que viajen a la Luna entonces lo hagan en transbordadores espaciales, capaces de ser reutilizados: en días recientes, China reveló que ya está desarrollando este tipo de naves.

PRIMER SATÉLITE DE TELECOMUNICACIÓN CUÁNTICA.

El programa espacial chino cuenta con cuatro bases de lanzamiento: Jiuquan en el desierto de Gobi; Taiyuan en el norte del país; Xichang en el centro; y la de más reciente apertura, Wenchang, en la isla tropical de Hainan, operativa desde 2016. 

Igual de importante para el avance de la carrera china hacia el cosmos es el radiotelescopio FAST, inaugurado en septiembre del año pasado en la remota provincia central de Guizhou y que es el mayor del mundo en su tipo, una gigantesca instalación de quinientos metros de diámetro que busca ayudar en la exploración del universo y, entre otras cosas, buscar vida en otros planetas y galaxias.

En el campo de los satélites la exploración de China es quizá menos conocida y, sin embargo, es aún más digna de tener en cuenta, ya que si bien en las misiones tripuladas los chinos todavía están emulando lo que EEUU o la Unión Soviética ya lograron en los años 60 y 70, en materia satelital el gigante asiático sí ha avanzado por terrenos nunca antes hollados.

Un ejemplo lo constituye el primer satélite de telecomunicación cuántica del mundo, el QUESS, puesto en órbita por China en agosto del pasado año y con el que los científicos quieren explorar un fenómeno que, hasta hace poco, parecía reservado a las películas de ciencia ficción, la teleportación, mediante el envío de fotones desde el espacio a bases chinas en tierra.

China acaba de lanzar este mismo mes novedosa misión: la sonda HXMT para estudiar los agujeros negros, y pronto se enviarán al cosmos más satélites que prometen dar mucho que hablar, como la Sonda Einstein para estudiar los agujeros negros "dormidos" (aquellos que absorben constantemente estrellas y gases, más propios de fases tempranas del universo) o la sonda SMILE, para estudiar las temidas tormentas solares.

Marte también está en las mentes de los científicos chinos, con el envío de una sonda no tripulada al planeta rojo en 2020, aunque este proyecto es uno de los que más discretamente desarrolla este país.

Marte también está en las mentes de los científicos chinos, con el envío de una sonda no tripulada al planeta rojo en 2020, aunque este proyecto es uno de los que más discretamente desarrolla China.

El motivo es porque se trata de uno de los pocos campos en los que ha tenido un sonado fracaso: en noviembre de 2011 ya intentó lanzar una sonda a tierras marcianas, la Yinghuo 1 con colaboración rusa, pero la nave, que partió desde la base kazaja de Baikonur, no logró salir de la órbita terrestre y acabó desintegrándose.

Una advertencia para que China, en su programa espacial, vaya con pies de plomo, aunque sus impulsores avanzan sin descanso y libres de los problemas de financiación que atenazan a otras potencias tradicionales en la carrera hacia el cosmos.

 

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