• Esta escena es, quizás, una de las más simbólicas puesto que pese a estar en medio de la muchedumbre, La Loca del frente logra pasar por el cordón policial sin ser advertida.
Crédito fotografía: 
Miguel Ángel Larrea
El protagonista de Tengo Miedo Torero confiesa que el éxito de la película dirigida por Rodrigo Sepúlveda recuerda una época de Chile “muy dramática” y que se acercó cuidadosamente a la pluma del escritor nacional para ser “totalmente fiel”. Destaca que la buena acogida proyecta, en parte, esa admiración que siente el pueblo por quien luchó “en cuerpo y alma” por los derechos de los marginados.

La expectación fue total. La Loca del frente cautivó a más de 170 mil espectadores en sus dos funciones vía streaming el fin de semana recién pasado. La película Tengo Miedo Torero, dirigida por Rodrigo Sepúlveda y protagonizada por Alfredo Castro, seguirá siendo tema obligado entre los “lemebelistas” y los no tanto.

La adaptación de la única novela de Pedro Lemebel llega en el “momento exacto” y revive la imagen del escritor fallecido en enero del 2015, claro, porque pese al paso del tiempo, el trabajo del activista LGBTIQ+ persiste y hoy, con más fuerza que nunca, congrega a ese Chile marginado y aborrecido.

El Día conversó con el actor Alfredo Castro días antes del estreno virtual. Habló acerca de lo que significó interpretar al personaje sin nombre, su cercanía con el guión y, -lo que según él- debería ocurrir con el trabajo del artística plástico.

“La película nos muestra una realidad que está lejos de erradicarse”.

También se sinceró y contó cómo ha sido este tiempo de pandemia. El balcón de su hogar se ha convertido en uno de los lugares preferidos, desde allí “observa” y reflexiona “la inmensa humanidad”, “no son reflexiones especiales…todas se relacionan con eso que hemos hecho mal y lo que hemos hecho bien y que es momento de enmendar el camino como especie, mejorar nuestra relación con la naturaleza y con ese otro que cuesta tanto ver”.

-El tráiler de Tengo Miedo Torero tuvo una muy buena acogida y la película ha sido tema obligado, ¿a qué se debe tanta efervescencia?

“Primero quiero decir que yo no soy ningún protagonista, todo esto comienza con la admiración que el pueblo de Chile siente por Pedro Lemebel. Fue una persona que luchó en cuerpo y alma por los derechos de la comunidad LGBTIQ+, durante más de 40 años abogó por la libertad de los marginados, que siguen siendo millones. Por otra parte, también está el guión de Rodrigo Sepúlveda y la dirección que sólo él podía dar. Y, en esto no quiero dejar fuera al resto del equipo, está Sergio Armstrong, también la gente de arte, vestuario, maquillaje. Todos juntos logramos darle vida a esta película”. 

-¿Cómo fue la cercanía con el guión?

“Primero me acerqué a la pluma de Pedro Lemebel, a esa maestría que tenía, eso fue fundamental. Además, Tengo Miedo Torero es la única novela escrita por el artista y eso es algo que le atrae mucho a la gente. Es una obra que nos recuerda una época de Chile muy dramática, violenta y triste porque así fue la dictadura de Augusto Pinochet, se mataba gente a destajo (…) Pero aquí vemos una historia de amor en el momento preciso en que fueron degollados tres profesionales a raíz del atentado contra el dictador. Y lo que hace el guión es ponerte en esa escena de una manera sutil, pero real. También está llena de interpretaciones y simbolismos, La Loca del frente se toma una casa y es como una especie de ‘okupa’ que vivía en la miseria y en la marginalidad de esa época y, que perfectamente podría ser hoy”.

-¿A quién representa La Loca del frente?

“Este personaje sin nombre encarna a todos los marginados y desposeídos de este país y que pese a los años y a los cambios siguen siendo los mismos y no me refiere sólo a la comunidad LGBTIQ+. Y creo que por eso el público está tan conmocionado, porque la película nos muestra una realidad que está lejos de erradicarse. Nuestro país es tremendamente desigual y eso lo ha evidenciado el estallido social y la pandemia”.

-La cinta nos trae la contingencia política de los ‘80, ¿se podría asociar –guardando las proporciones- a lo ocurrido en nuestro país post 18 de octubre?

“Claro que se puede asociar. ¿Y sabes? Nosotros terminamos de filmar en julio y el estallido social ocurrió unos meses después y yo siempre he pensado que el nombre y el trabajo de Pedro no podían estar fuera. Lo que hace la película es traer a Lemebel a la primera línea en temas como la libertad y los derechos de las minorías y es por eso que cobra tanta vigencia  porque seguimos viviendo en una desigualdad horrorosa, en humillación y pobreza material y espiritual. En esa época ser gay era ilegal y era penado por la ley, hoy tiene una sanción social que es mucho más dura. Este país ha cambiado, pero hay quienes creen que una ley contra la discriminación es suficiente, y no es así…necesitamos interiorizar  un cambio real”.

“Tengo el teatro cerrado desde el 15 de marzo, ese recinto con capacidad para cien espectadores le daba trabajo a diez personas, son diez familias que hoy no tienen ingresos”.

-En lo personal, ¿cuál fue el principal desafío?

“Lejos lo más difícil fue ser fiel a la pluma de Pedro Lemebel. Y aquí hay que entender que la novela es una cosa y es una tremenda obra literaria, una película o una obra de teatro es una adaptación, es una versión de la original y por lo tanto siempre es subjetiva, muestra una mirada y un punto de vista…pueden haber muchos. Hay mucha gente que cree que es la novela la que se lleva al cine y no es así, lo que se lleva es una adaptación, sin embargo, hay una estructura y un lenguaje muy propio de ella (obra original) y en eso yo intenté ser lo más fiel posible y muy respetuoso con Pedro”.

-Claro, también se incorporaron frases de entrevistas y otros libros…

“Exacto. Hay textos tomados de otros registros, recién cuando me preguntabas a quién representaba La Loca del frente…La Loca no es Pedro Lemebel, pero también sí es Pedro Lemebel”.

-¿Cómo?

“La Local del frente tiene un viaje intelectual político muy interesante que lo puedes hacer tú o yo o cualquiera. Ella comienza siendo –como se dice ahora- ‘una facha pobre’, borda manteles para las esposas de los militares, pero, sin embargo, el amor hacia Carlos la adentra en un cambio y comienza a ver ese Chile más real. Para mí esa transición motivada por el amor es reveladora. Hay un antes y un después porque se da cuenta que lo real está en las calles y lo que pasa en ellas (…) ese viaje es emocionante porque detrás hay una historia de amor en medio de tiempos muy duros políticamente. Ese viaje ideológico que perfectamente se podría asociar a lo que ocurre hoy en el país”.

“El público está tan conmocionado, porque la película nos muestra una realidad que está lejos de erradicarse. Nuestro país es tremendamente desigual y eso lo ha evidenciado el estallido social y la pandemia”.

-¿Qué le espera a la memoria de Pedro Lemebel? El trabajo de Joanna Raposi se convirtió en el documental más visto del año y la película de Rodrigo Sepúlveda comenzó con muy buen pie…

“Yo espero que sea algo grande, Pedro Lemebel merece ese reconocimiento histórico que le fue negado en vida, fue muy maltratado por la clase política, fue marginado por la Concertación, pero él pudo lidiar con eso…nunca recibió el Premio Nacional de Literatura y lo que uno espera es que aquellos que son autoridades tengan la capacidad para entender que hay artistas que han hecho un trabajo importante en pos de los derechos de los más desposeídos del país”.

Situación del gremio

-¿Cómo ha sido para el gremio del teatro estos meses donde han permanecido sin funciones presenciales? ¿En qué está la sala de teatro que dirige?

“Ha sido muy triste, tengo el teatro cerrado desde el 15 de marzo, ese recinto con capacidad para cien espectadores le daba trabajo a diez personas, son diez familias que hoy no tienen ingresos…y en esa misma situación están cerca de 40 teatros a nivel nacional. De hecho, en Santiago hay 11 salas que están siendo desalojadas”.

-¿Cómo lo harán cuando las condiciones sanitarias  permitan abrir?

“Cuando se pueda hacer será un tremendo esfuerzo porque en tiempos normales mantenerlo en pie tiene un costo de $300 mil pesos diarios y ahora habría que agregar la sanitización (…) el gremio está en la ruina. A ello añadir a los del cine, publicidad, los audiovisualistas y las autoridades no le toman el peso”.

-¿Sienten que están olvidados por las autoridades?

“Puede ser…dicen por ahí que esto sería como una vuelta de mano del Gobierno por el espíritu crítico que ha tenido el gremio, hoy ninguno califica para ayudas o bonos y no ha habido un pronunciamiento real y hoy muchos colegas están rifando cosas, vendiendo libros, vendiendo ropa o empanadas, en eso está el gremio, estamos cercados por todos lados…estamos muy golpeados”.

 

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