• La sequía sigue siendo una gravísima preocupación para el mundo rural de la región.
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LAUTARO CARMONA
Si bien el agua para consumo humano estaría asegurada, los pronósticos climáticos para 2020 no son halagüeños. De cumplirse tal proyección el llamado es a acelerar la puesta en marcha de medidas estructurales que aseguren el sustento y la capacidad productiva de sectores como el Secano, área particularmente golpeada por la falta de agua.

Hace unos días atrás el Centro de Estudios Avanzados en Zonas Áridas, CEAZA, dio a conocer su pronóstico climático para este invierno 2020, según el cual, se registraría precipitaciones bajo lo normal en la región de Coquimbo.

Un pronóstico nada alentador, teniendo en cuenta que el año 2019 registró una de las temporadas más secas de los últimos 40 años, alcanzando en algunas zonas de la región, cifras que bordearon casi el 100% de déficit de lluvia. A ello se suman la presencia de escasos reservorios de nieve en la alta cordillera lo que viene a profundizar la situación crónica de escasez hídrica que vive la región desde hace más de una década.

“Todo apunta a que el año va a ser muy similar a lo que fue el año pasado: muy seco, y la escasez hídrica se mantiene. No tenemos un fenómeno de El Niño que esté activo como para que pueda decir a los meteorólogos que pudiera cambiar en cierta medida, la situación”, señaló al respecto, Cristóbal Juliá, meteorólogo de Metxpert.

Y si bien, cabe señalar que estos pronósticos estacionales expresan más tendencias que números exactos propiamente tal, lo cierto es que nuevamente se encendió la luz roja ante la posibilidad de que la situación de escasez hídrica, que continúa afectando a la región – más allá del protagonismo mediático que le ha quitado primero, el estallido social, y ahora el coronavirus – se profundice con las consecuencias ya previstas.

Situación crítica

En diciembre pasado, el gobierno puso en marcha el Plan de Emergencia contra la Escasez Hídrica, un programa consistente en 68 medidas cuyo énfasis estará en proteger el abastecimiento humano de agua, impulsar el desarrollo productivo y entregar apoyo social, todo lo cual contempla una inversión de 65 mil millones de pesos.

Además, en enero de este año, se aprobaron nuevos recursos del 5% de emergencia provenientes del FNDR, para ir con ayuda a los sectores rurales, los cuales sin embargo, fueron entregados recién la semana pasada.

“Para nosotros es muy complejo lo que está ocurriendo porque ya veníamos arrastrando economías locales muy debilitadas y enfrentando la pérdida de empleos. Y en el contexto del daño que ha generado la sequía a nuestra capacidad productiva, el hecho de sumar esta pandemia simplemente agrava y profundiza el daño que se está enfrentando” señala al respecto, el alcalde de Combarbalá y presidente de la Asociación de Municipios Rurales del Norte Chico.

Por ello, de confirmarse los pronósticos, según el consejero regional y dirigente de los crianceros de la provincia del Limarí, Juan Carlos Codoceo advierte que ello significaría “el exterminio total del ganado caprino, de la gente del mundo rural en general. Serían muy pocos los que sobrevivirían, básicamente, aquellos que tienen seguridad de agua, pues en la parte central y costera de la región, no tenemos tranques para acumular agua”.

Embalses con reservas

Respecto a la disponibilidad de agua para riego, el presidente de la Comunidad de Aguas del Sistema Paloma, CASEP, José Eugenio González, explicó que en estos momentos, otra zona que se encuentra en una situación delicada, son los sectores ubicados aguas arriba de los embalses, que dependen directamente de las reservas de nieve de la alta cordillera, reservas que hoy prácticamente no existen.

“Estimamos que con lo que tenemos podemos pasar el invierno estimamos nosotros. Pero ya si no llueve durante todo el invierno la situación va ser muy crítica en la parte alta en primavera y verano, eso no cabe duda”, señala.

De todas formas, González aclara que se ha podido ahorrar agua durante las últimas temporadas “poniéndonos siempre en el escenario de que no va a llover nada. Entonces, sólo se va a usar (para riego) un tercio de la disponibilidad de lo acumulado en los embalses como máximo, y sobre el resto se va a esperar lo que pase en invierno para ver cómo se va a enfrentar el resto de la temporada”.

Eso sí aclaró, el riego sólo alcanzaría para “guardar las plantaciones existentes, pero en ningún caso para crecer”.

Hasta marzo de este año, la provincia con la menor acumulación de agua embalsada es el Choapa con 14.800.000 metros cúbicos de agua, sumando sus tres embalses (Corrales, El Bato y Culimo).

Obras estructurales

Para el alcalde de Combarbalá, Pedro Castillo, la única forma de enfrentar la crítica situación que ser podría presentar ante la ausencia de lluvias, es avanzar en la concreción de inversiones de carácter estructural que aseguren de forma definitiva la entrega de agua a las comunidades rurales.  

“Se debieran construir pozos profundos para por lo menos, sostener la entrega de agua a los sistemas de APR que hoy día se están abasteciendo vía camiones aljibe. Hay que hacer una búsqueda mucho más proactiva de fuentes de agua, y utilizar el decreto de zona de catástrofe que entregó varios instrumentos administrativos para poder agilizar inversiones”, afirmó.

Sin embargo, el edil lamentó que “muchas veces, ante la cantidad de trámites que se deben hacer -casi como si no existiera un decreto vigente que permita tomar acciones para acelerar procesos-, hace que muchas veces la respuesta a las necesidades de las comunidades no sea tan rápida como nosotros quisiéramos”.

 

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