• Decenas de personas se han agolpado estos días frente a la sucursal de la AFC para cobrar su seguro de cesantía, a raíz del aumento de los despidos.
Crédito fotografía: 
LAUTARO CARMONA
Durante esta mañana en La Serena, era posible ver una larga fila de personas frente a la sucursal de la Asociación de Fondos de Cesantía, AFC, para realizar sus trámites del seguro de desempleo, luego de ser finiquitados de sus respectivas empresas. Poco a poco, comienzan a conocerse los testimonios de los primeros damnificados por una crisis que empieza a manifestarse con crudeza en la región.

“Todos en esta fila estamos sin pega”.

Así se expresaba una de las decenas de trabajadores que durante la mañana de este miércoles, hacían fila frente a la sucursal de la Asociación de Fondos de Cesantía, AFC, ubicada en el edificio María Elena del centro de La Serena.

Al igual que este maestro yesero y pintor, que fue despedido de su trabajo en la construcción este martes 31 de marzo, otros tantos como él formaban parte de la larga columna de personas que literalmente ocupaba toda una cuadra, esperando con su finiquito en mano para hacer el trámite del seguro de cesantía.

Sólo ayer, las cifras de desocupación que mostraba el último informe del INE sobre la región de Coquimbo, evidenciaba una segunda alza consecutiva en el último trimestre móvil diciembre-febrero, alcanzando el 8,8%. Si bien en estas cifras, aún no se manifiesta el efecto que, sobre el empleo, está teniendo la parálisis económica generada por la pandemia del coronavirus, lo cierto es que se espera que para los próximos meses, las cifras podrían superar el 10% de desocupación. Cifras que, sin embargo, ocultan el rostro más crudo de la falta de trabajo y sus consecuencias sociales, como el de este maestro de la construcción.

“No nos avisaron (del despido). Fue sin ningún tipo de anticipación. Tengo familia y dos hijos. Pago 250.000 pesos de arriendo. Voy a tener que hablar con el dueño de casa, que nos aguante no más, porque no hay pega en ningún lado, nadie quiere contratar a nadie. El gobierno no ayuda a nadie. En Chile los pobres tenemos que seguir trabajando”, señala resignado, afirmando que alcanzó a estar unos siete meses con empleo.

Su acompañante, de oficio jornalero, y quien también estaba esperando su turno para ser atendido en la oficina de la AFC, vive una situación parecida.

“Yo tengo simplemente que seguir trabajando porque pago arriendo. Vivo en Las Compañías”, señala.

Agrega que tiene que “pagar de arriendo 180.000 pesos. También tengo dos hijos, uno de 17 y otro de 11. La verdad, no puedo parar de trabajar, porque tengo que pagar ese arriendo y además, si no trabajamos no comemos”, explica, a propósito de las medidas restrictivas aplicadas por las autoridades para combatir la pandemia del COVID-19, como es el quedarse en casa.

Misma opinión plantea una madre cesante de dos hijos, los que también están sin trabajo.

“Tenemos que trabajar igual ¿Qué vamos a hacer nosotros? La gente que tenemos más familia si tenemos que trabajar. ¿Cómo comemos, cómo vivimos? Yo trabajaba en la construcción, y ahora estoy aquí, por el finiquito. Trabajé 4 años en una constructora, y ahora nos quedamos sin pega”, dice.

“Tengo un hijo que también está cesante y tengo que ayudar a mantenerlo. Mi otro hijo que está casado, también está sin pega, y tiene a dos niñas estudiando. Tiene un hogar que mantener pero no hay trabajo. ¿Quién se preocupa de esto? Tenemos que seguir solos, hay que pagar luz, pagar agua, hasta la basura. Así es complicada la vida”, se lamentó.

 

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